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Otras comunidades empezaron antes, pero ninguna en España tiene actualmente en marcha tantos proyectos de hidrógeno verde como Castilla y León: 60 iniciativas que suman una inversión global de 6.500 millones de euros y una expectativa de 3.200 empleos. El horizonte para concretar estas plantas de producción es el año 2030, y están vinculadas al desarrollo próximo de una amplia red de hidroductos que cruzará la península.
De los 60 proyectos en marcha, 17 han superado la fase de información pública y siete cuentan con la Declaración de Impacto Ambiental (DIA). Los siete más avanzados se ubican en la provincia de Valladolid (uno en Tordesillas y tres en el entorno de la capital); dos en León (uno en La Robla, con una inversión prevista de 712 millones de euros, y otro en Villadangos del Páramo) y uno más en Burgos, en el polígono de Villalonquéjar, impulsado por la empresa SENER, con una inversión de 150 millones.
La red de hidroductos proyectada es esencial para la generación de proyectos, pues no tiene sentido instalar plantas allí donde no exista posibilidad de conexión a una red. Y también en este aspecto, Castilla y León aparece como una región privilegiada, ya que está previsto que la atraviesen al menos cuatro tuberías importantes: la que conecta Huelva con Asturias a través de la Vía de la Plata (y que pasará por Salamanca, Zamora y León); la que conectará con Galicia (y que incluye a Zamora y Burgos); Celza, el hidroducto que conecta con Portugal, que lo hace a la altura de Zamora; y el que conectará Zamora con Rioja a través de las provincias de Burgos, Valladolid y Palencia.

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José Luis LosaDe modo que si todo sale razonablemente bien, Castilla y León será una de las comunidades motoras de este nuevo vector energético que está llamado a contribuir de forma muy decisiva a la reducción de las emisiones de carbono. Existe una expectativa razonable de que esta comunidad autónoma pueda generar el 25% del hidrógeno verde español. Las otras dos regiones en cabeza son Andalucía y Aragón.
“Castilla y León es la zona que más proyectos concentra de todo el panorama nacional”, explica Javier Robador, gerente de la Asociación Castellano y Leonesa del Hidrógeno. Hay varias razones que lo explican: “Es una región que no tiene problemas de agua, tiene un gran desarrollo en energías renovables, y este tipo de proyectos cuentan con bastante aceptación social, salvo en algunos casos excepcionales”. La proximidad a la futura red de hidroductos es también un factor decisivo, pues, cuando se desarrollen los que están proyectados, Castilla y León será también la comunidad del país con más kilómetros de tuberías de hidrógeno verde que atraviesen su territorio.
Una parte de los proyectos en marcha se concentra en tres Valles del Hidrógeno, que incluyen distintos proyectos en un mismo espacio. Uno de los mejor valorados es el Valle de Castilla y León, impulsado por la Universidad de Burgos y Cartif, y que tiene como objetivo abastecer a los núcleos industriales de la comunidad, que se concentran en las provincias de Burgos, Valladolid y Palencia. Es un proyecto que cuenta con financiación de la Comisión Europea, que aporta 20 millones de euros sobre una inversión total estimada de 380 millones.

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Pero, además, hay que sumar el Valle de Compostilla Green, en Cubillos del Sil (Ponferrada), orientado al suministro de combustible para la aviación. Este proyecto, que desarrolla la empresa Ric Energy, cuenta con una financiación pública de 78 millones de euros para una inversión total prevista de 632 millones. Y, finalmente, está el Valle Leonés del Hidrógeno de La Robla, que ha recibido una ayuda de 180 millones de euros para una inversión total de 712 millones. Está impulsado por La Robla Green, y se orienta a la producción de metanol para su uso como combustible para el transporte marítimo.
El hidrógeno verde es una sustancia capaz de almacenar energía que se obtiene mediante la combinación de agua y electricidad. El proceso separa el hidrógeno y el oxígeno que componen el agua, mientras que las moléculas de hidrógeno pueden usarse luego para todo tipo de procesos de generación de energía. El oxígeno desprendido suele lanzarse a la atmósfera, sin que ello genere ningún perjuicio medioambiental, pero también se le puede dar otro tipo de usos. Lo más interesante del proceso es que es reversible, de modo que la electricidad puede generar hidrógeno y el hidrógeno puede generar electricidad.
Hasta ahora el hidrógeno que se utiliza es el hidrógeno gris, que se extrae del petróleo y de otros combustibles fósiles y que genera importantes emisiones de CO₂, el gas considerado responsable del efecto invernadero y el cambio climático. De hecho, el hidrógeno gris es el causante del 8% de las emisiones actuales.
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Recreación de lo que podría ser la planta de La Robla Green (Imagen cedida) Todo esto cambiará con la implantación del hidrógeno verde, pues su proceso de generación de energía es limpio, ya que la quema de hidrógeno solo produce vapor de agua. Además, se trata de moléculas que acumulan el triple de energía que los combustibles fósiles. Esto lo convierte en un formidable “comodín energético”, según Robador.
El hidrógeno verde no es en sí mismo una fuente de energía, pero sí tiene la capacidad para generarla y es almacenable, a diferencia de lo que ocurre, por ahora, con las energías renovables. “La solución energética más eficiente es la electricidad”, explica el gerente de la Asociación Castellano Leonesa de Hidrógeno Verde. Y pone como ejemplo que, mientras el motor térmico de los vehículos de combustión aprovecha solo un 35% de la energía, la eficiencia del motor eléctrico supera el 80%.
“Pero hay cosas que no se pueden hacer con electricidad y el hidrógeno verde es una alternativa para sectores como el petroquímico, la siderurgia o el transporte pesado”, explica Robador. Es la solución para aquellas necesidades que no resuelve el suministro eléctrico convencional.

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“El hidrógeno verde ha venido para quedarse, como un vector energético clave en el proceso de descarbonización”, explicó el presidente del Colegio de Ingenieros Industriales de Valladolid, José García Neira, en una reciente jornada divulgativa en la que se puso de manifiesto la necesidad de impulsar tecnología propia, para que no ocurra como con las placas solares, que mayoritariamente usan tecnología china.
El de la tecnología no es el único problema, pues todavía queda camino por recorrer. "Falta mucha información en las empresas", asegura Carmen Martínez, técnico de la Asociación Castellano y Leonesa del Hidrógeno, quien ha puesto en marcha el Proyecto Reconversión justamente para corregir esta situación. “Es necesario que las empresas se preparen para el futuro con información técnica y legal adecuada para cada sector, porque son muchos los que pueden verse afectados de distinta manera”.
“En el medio plazo podemos ser dueños de nuestro futuro y alcanzar una soberanía energética”, explica Robador. De este modo se evitaría la actual dependencia de Rusia y de otros proveedores. “Tenemos un gran potencial que debe servirnos para reindustrializar España”, zanja.
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