
La ficción de Max combina la tradición española con una investigación militar estadounidense
En Morón de la Frontera, municipio de la provincia de Sevilla, desaparece el Lunes Santo un soldado norteamericano y se produce la extraña muerte de un lugareño, además de un extraño incidente en una de las primeras procesiones de la Semana Santa. Con esta original premisa comienza Cuando nadie nos ve, el thriller seriado dirigido por Enrique Urbizu y basado en el libro de Sergio Sarria, que acaba de finalizar su emisión en Max.
La serie de ocho episodios tiene un buen inicio que reside en su peculiar trama y su fresco reparto capitaneado por Maribel Verdú, pero no consigue mantener un buen ritmo e interés en su tramo final. Te contamos lo que nos ha parecido Cuando nadie nos ve, a partir de este momento con SPOILERS.
La coincidencia de eventos dispares
Un profesor y vecino amable del pueblo de Morón, Antonio Jiménez (Jorge Suquet) se hace el harakiri, una práctica de suicidio samurái que consiste en rajarse las tripas. Dos nazarenos de una cofradía sufren un ataque (con epifanía incluida) provocado por una droga desconocida durante una procesión. Un soldado estadounidense, Johnson (Joe Manjón), poseedor de información confidencial y peligrosa, desaparece de la base militar sin dejar rastro. Un joven del pueblo, Samuel (Lorca Gutiérrez Prada), también desaparece. ¿Está todo de alguna manera relacionado?
A todo ello deberá hacer frente la sargento de la guardia civil, Lucía Gutiérrez (Maribel Verdú), a quien se le une una agente especial llegada de Estados Unidos, Magaly Castillo (Mariela Garriga), enviada para resolver la desaparición de Johnson. Este dúo inusual, pero muy resolutivo, se encargará de investigar y conectar todos los crímenes sucedidos. Sin embargo, se echa en falta un poco más de química entre estas dos mujeres, que tan bien funcionan por separado.
El encanto de Cuando nadie nos ve y lo que la hace diferente de otros thrillers reside en su capacidad de introducir un género como este dentro de la cultura andaluza, de su folclore y su cotidianeidad. Así, los códigos militares y la investigación judicial se mezclan con la música, los pasos, los paisajes y las tradiciones de Semana Santa, que se convierten en un elemento fundamental de la ficción.
Un elenco variopinto
Una de las mejores cosas que tiene Cuando nadie nos ve es que posee un elenco diverso y multicultural que sabe actuar como un perfecto engranaje. A las ya mencionadas Maribel Verdú y Mariela Garriga se les unen Dani Rovira, Carlos Beluga y Abril Montilla como los miembros de la guardia civil que ayudan con la investigación, Ben Temple como el Coronel Seamus Hoopen y María Alfonsa Rosso y Numa Paredes como la suegra y la hija de la protagonista, quienes la ponen aún más en jaque que su propio trabajo. Por otra parte, Ramón, el camarero interpretado por Eloy Azorín, parece que le hace la vida un poco más fácil.
La serie creada y escrita por Daniel Corpas consigue que entre todos estos personajes se creen momentos únicos, naturales, costumbristas. Parece que los actores llevaran interpretando a los protagonistas desde hace mucho tiempo y tuvieran perfectamente integrado su carácter, algo que eleva el nivel de la ficción.
Otro punto a favor es que todos los intérpretes españoles, en mayor o menor medida, chapurrean el inglés, y da gusto verles comunicarse con los extranjeros (a veces con verdadera comicidad) sin que exista doblaje alguno en la versión original de la ficción. No hay barreras de ningún tipo que se le resistan a este elenco, en su mayoría andaluz.
El enemigo entre nosotros
Cuando nadie nos ve elige un recurso dramático que no siempre vemos en el género y es el de hacer saber al espectador antes que a los personajes quién es el asesino, en este caso el culpable de matar a Samuel y a Johnson (y, por consecuencia, provocador del suicidio de Antonio). Él es el sargento Andrew Taylor (Austin Amelio), el compañero de trabajo de la agente Castillo.
Así, sabemos gracias a un potente flashback que recorre su infancia que Taylor es una persona con problemas de salud mental que esconde mucha oscuridad dentro de sí mismo. Él asesina a sangre fría y de manera muy cruel a Samuel, provocando la desesperación y tristeza profunda de Antonio, y también acaba con Johnson cuando este está a punto de descubrirle (aunque realmente esto nunca lo llegamos a ver).
Por mucho que sea interesante observar cómo Taylor está perfectamente camuflado entre los investigadores del caso, que están muy lejos de sospechar de él, este recurso se acaba agotando y hace que la ser... {getToc} $title={Tabla de Contenidos}